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Una mujer difícil,
John Irving
3 Puntos, 14 de octubre de 1999

Es muy raro que el crítico se preocupe por dar consejos a sus lectores. Pero si es posible, por una vez, romper el silencio, me permito sugerir algo a todos aquellos que estén leyendo este artículo, o que hayan sido atraídos por el título mientras esperan su turno en la peluquería o mientras viajan en tren, de pie, espiando sobre el hombro del pasajero que viaja sentado y lee: no importa donde estén ahora, si en casa o en la oficina, no importa qué estén haciendo, no importa si el omelet se quema, o si tienen una cita con una mujer; no importa si están pensando, escribiendo o pintando; no importa si están resolviendo los problemas del universo: salgan inmediatamente de casa y vayan a una librería. Una mujer difícil está allí, y espera: una hermosa dama con los ojos momentáneamente entrecerrados está encendiendo un cigarrillo con el fuego que una mano anónima le ofrece, gentil. Y durante un mes olvídense de los nuevos libros que les depara esta primavera de minorías. Lean diecinueve páginas por día de ese regalo que se han hecho a ustedes mismos. No más: porque tal es la riqueza, tantas son las historias, tantos los pensamientos, tal la ebriedad que suscitará en ustedes la ebriedad incontenible de Irving, que podrían caer enfermos a causa de la lectura.
No se puede resumir Una mujer difícil. Basta decir que es una novela como El mundo según Garp, es decir, una novela a la altura de cualquiera de las de Dickens, una gran y colorida caja de la cual pueden extraer cajas más chicas, y ver todo lo que Irving puso prolijamente en ellas —y también lo que ustedes pueden poner, volviéndose "irvingnianos". Contiene: tres relatos infantiles y sus comentarios; muchos recuerdos infantiles; una o más tragedias; un viaje a Amsterdam; un manual de conducción de automóviles; varias biografías patéticas; una verdadera historia de amor; un paseo por el barrio chino de Hamburgo; una serie de buenos consejos para ganar al squash. Y no crean que todo esto sea todo, y que todo les sea dado de manera fragmentada, a las corridas.
Con Irving uno siempre sabe lo que va a venir: ve cómo se aproxima, más cerca cada vez. El problema es que uno nunca ve todo lo que viene. Y es que Irving se toma su tiempo antes de llegar a la meta, probablemente porque quiere que el lector “prevea” casi tanto como quiere que "vea". Posee una absoluta falta de afectación. Su recurso consiste en no hacer uso de ningún recurso. O mejor dicho: su recurso consiste en quitarle naturalidad a lo narrado, volviéndolo incluso artificial, porque es posible que sin aquél Irving no fuera capaz de inventar historias.
Pero Irving también hace del "narrar" el tema de este libro. No es que el libro responde a preguntas tales como "¿cómo se narra?": es algo menos pragmático, más complicado: Irving hace del arte de narrar el motivo del libro; la capacidad de contar una historia reemplaza a la anécdota. El que sabe contar historias cuenta cómo cuentan historias los que saben contar historias. Si uno posee el don de la palabra como Irving, puede darse el lujo de ignorar lo que pasa en el mundo. El libro se extiende del verano de 1958 al otoño de 1995. Con un cinismo sublime, acrecentado por una oculta aspiración utópica, Irving ignora y desafía a la Historia (y a la muerte, y al tiempo). Una mujer difícil tiene un terrible momento de angustia: cuando uno de los protagonistas, Ted Cole, le cuenta a su hija Ruth, mientras maneja por primera vez el automóvil de su padre por la ruta, la forma en que sus dos hermanos murieron en un accidente automovilístico, antes de que ella naciera. Esas páginas probablemente constituyan el regalo más sutil de Irving a sus lectores. Y al final del libro Irving hace bajar sobre sus héroes un telón perfecto, feliz, de esa perfección y esa felicidad que corona casi todas las grandes novelas. Ese gran libro donde hemos vivido apenas un mes, degustándolo lentamente como una torta de frutillas, esconde dentro de sí muchas novelas, dentro de las cuales tendremos que sumergirnos en los meses que tenemos por delante.